Los grandes bloques y la biotecnología.
La gran polémica sobre los transgénicos que se da entre EE.UU. y Europa, que ha prohibido la siembra e incluso el consumo de muchas de esas variedades en su territorio, se mantiene con argumentos de lado y lado.
Dicen los americanos (discretamente) que la razón es que como los europeos están atrasados en el desarrollo de estas tecnologías, imponen una veda hasta que puedan ponerse a tiro, algo que parece estar cada vez más lejos.
Tras costosas investigaciones, para la Comisión Europea no hay dudas científicas sobre la inocuidad y virtudes de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que fueron estudiados mucho más a fondo que los convencionales. Pero igual persisten muchas prohibiciones.
Sin embargo, luego de vencido el período de veda que se impusieron desde 1998, los europeos han ido admitiendo la importación y hasta la siembra de algunas variedades con eventos transgénicos, como algunos maíces Bt. España, Alemania y Rumania figuran con bastante área sembrada de estas variedades.
Los técnicos estadounidenses se indignan con los argumentos restrictivos europeos, a los que califican de 'acientíficos' . Afirman que sería más honesto que dijeran: 'no necesitamos esa tecnología, porque nos sobra la comida', a que esgriman argumentos falsos para desacreditarla.
Para mayor confusión, los europeos no tienen restricciones para la utilización de estas tecnologías en la elaboración de quesos ni de vinos, de los que tienen cientos de variedades.
Por otra parte, sus ganados vacunos, cerdos y aves comen transgénicos argentinos (soja y maíz) y hasta están exonerados de señalarlo en el etiquetado.
Los japoneses tampoco admiten transgénicos, pero, a pesar de que enuncian 'tolerancia 0', ahora están dejando ingresar maíz estadounidense con hasta 1% de Bt, algo inevitable para las condiciones de producción norteamericanas. Juntos, pero no entreverados.
Coexistencia
En Filadelfia se realizó recientemente un panel que, con el título '¿Quieres ser mi vecino?', analizaba la coexistencia compatible de la producción orgánica con los transgénicos, desde ángulos diversos: jurídicos, agronómicos, comerciales.
Se dio una profunda discusión, con argumentos a favor y en contra de los transgénicos. Uno de los panelistas era un productor importante de transgénicos y orgánicos en un mismo predio, y conseguía certificar sus orgánicos con los severos protocolos y controles estadounidenses, ajustando épocas de siembra y demás manejos a los requerimientos exigidos.
En el panel se expusieron datos de la contaminación con transgénicos que tiene toda la producción convencional de maíz en EEUU, así como de los porcentajes y grados de contaminación que cabe esperar según las distancias entre cultivos, que, contrariamente a lo que podría pensarse, no cambia demasiado si están alejados o si están cerca.
Puede observarse un caso regional: Argentina es el principal exportador de maíz para copos (Corn Flakes) para Europa, con trazabilidad y certificado como libre de transgénicos, pero más del 70% de su producción total de maíz es de variedades transgénicas.
Etiquetas
El etiquetado obligatorio de los productos con OGM también es motivo de polémica. Los técnicos alertaban sobre el riesgo de caer en un exceso regulatorio, que puede interrumpir el progreso, haciendo inviable la utilización de la tecnología.
Un consumidor poco conocedor, que lee una etiqueta que alerta sobre el carácter transgénico de un producto, va a desconfiar, y si no paga un alto precio por el cambio, seguramente lo deseche. Pero las etiquetas tienen que decir cosas relevantes, no hablar de aspectos inocuos para hacer propaganda engañosa (tal como decían algunos aceites en nuestro país: sin colesterol, siendo que ningún aceite vegetal tiene colesterol).
El otro punto, no menor, es quién se hace cargo del costo, quién paga la etiqueta: ¿el que vende transgénicos, o el que quiere poner libre de transgénicos, para captar a un público determinado?